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Ramón &
Beatriz Bejarano |
Nací en Ciudad Bolívar,
Venezuela. A la edad de 13 años, se me llevó a la isla de Trinidad para
aprender el inglés y estudiar secundaria. Mi madre, una mujer pobre, hacía
grandes sacrificios para poder económicamente sostenerme. Fue en esa isla donde
muy niño aún, conocí el cigarrillo, el licor y el sexo, participaba en fiestas,
poseía buenas amistades y disfrutaba del steel-band y el calipso. Tenía amigos
que pertenecían al hinduismo, o al Islán sismo y conocía a otros que al igual
que yo eran de la religión católica romana. Recuerdo bien que el día que
cumplía mis 16 años, estaba tomando licor con un amigo y dije: "Hoy cumplo
16 años y me siento como un viejo," es que ya no existían para mí metas
que alcanzar, lo que había dentro de mi ser, era un profundo e inexplicable
vacío, el cual ni mis buenas amistades, ni el sexo, ni el licor y ni aún mis
estudios lo podían llenar. Por las tardes acostumbraba jugar un poco de
football con algunos de mis amigos y veía pasar a un joven que casi siempre,
iba modestamente bien vestido y acompañado de una joven; yo me decía: "Esa
joven debe ser su novia y seguramente van a alguna fiesta". Una buena
noche, poco después de cumplir mis 16 años, aquel joven se me acercó y comenzó
a hablarme de Jesucristo. El me dijo: "Jesucristo te ama y es el único que
puede llenar el vacío que tiene todo ser humano; pero eres tú quien tiene que
tomar la decisión de aceptarle como tu Salvador personal." Fue aquella
noche la primera vez que oí a alguien decirme que Jesucristo me amaba y que viene
otra vez a llevar consigo a los que creen en él. Fue también esa la primera vez
que pensé seriamente, que Jesucristo estaba vivo y que era una persona real fue
esa la noche que me enfrenté a la gran responsabilidad de tener que aceptar o
rechazar a Jesucristo. Medité profundamente, en lo que aceptar a Jesucristo
significaría para mi y en algunas cosas de las cuales tendría que abstenerme y
que eran para mi algo desplacer (porque no conocía aún que el vivir en el
evangelio no es por esfuerzos humanos, sino por la gracia de Dios). Las
palabras de aquel joven habían penetrado en mi corazón como saetas. Era como si
Jesucristo estuviese a mi lado y me invitara a conocerle y a permitirle entrar
en mi corazón, y por otro lado como si el mundo, el diablo y la carne me
gritara ¡No lo hagas! En mi cuarto, esa noche, me era imposible conciliar el
sueño, sabía que lo que aquel joven me había dicho era la verdad, sentía que el
vacío en mi alma era mas y mas insoportable; oía dentro de mí como la voz de
Jesucristo invitándome a aceptarle, sentía que todos mis pecados eran como una
gran carga sobre mi alma y no pudiendo mas soportarla exclamé. ¡Si hay un Dios,
que me ayude y así me quedé dormido. La noche del día siguiente, aceptando la
invitación que aquel joven me había hecho, fui por primera vez a una iglesia
evangélica, allí estaba el joven y la muchacha que él siempre acompañaba, la
cual supe después que no era su novia sino su hermana y que ambos eran
cristianos evangélicos. Comprendí al estar dentro de aquel lugar, que aquellas
personas que estaban allí poseían algo que yo necesitaba urgentemente; yo podía
ver en aquellos rostros mientras cantaban, que una paz y un amor interno estaba
en ellos. Al fin podía ver personas que verdaderamente revelaban lo que
significaba ser un cristiano; cada palabra de los cánticos que entonaban
llegaban a lo más profundo de mi corazón, ¡Cuan equivocado yo había estado!
Siempre se me había enseñado que los evangélicos eran unos herejes y que nunca
debía de visitar uno de sus templos. Oí pues, atentamente el mensaje del
predicador y cuando él hizo la invitación a aquellos que públicamente querían
aceptar a Jesucristo como su Salvador personal yo fui uno de los que pasaron al
frente, oraron por mi y literalmente vi cuando una fuerte luz iluminó mi
rostro, sentí que aquel gran vacío salía de mi, y lágrimas comenzaron a correr
por mis mejillas, y tuve la seguridad de que Jesucristo había entrado a mi
corazón. No fue una ilusión porque desde ese día hasta hoy con gozo le sirvo, y
aunque he tenido que pasar por algunas pruebas, El me ha ayudado y no sé lo que
significa volver atrás, o dejar sus caminos. El verdaderamente llenó ese gran
vacío que antes hubo en mí corazón; El puso en mi vida su paz y su gozo
inefable, tal como nos prometió: 'El que bebe del agua que yo le daré no tendrá
sed jamás " , Juan 4:14. El cambió mi vida, por eso puedo garantizarte que
Jesucristo es una realidad, El me dio la paz y el gozo, que el mundo me ofreció
y no pudo darme, más de cuarenta años (40) desde aquella noche han
transcurrido, Jesucristo es cada día para mí más glorioso y sublime, ¡Esto no
puede ser una ilusión! sólo me arrepiento de no haberlo conocido antes de yo
cumplir los 16 años.
EL PUEDE CAMBIAR TU VIDA
Apreciado lector, es posible que el vacío de tu alma lo trates de llenar con
una religión que aunque muchos a ella pertenecen, no satisface, o vivas
practicando vicios que al final sólo destruirán tu vida, porque aunque
experimentas un placer momentáneo, te producen después un gran vacío y una
mayor necesidad. Yo Puedo garantizarte por experiencia personal que El si puede
y quiere cambiar tu vida. El tiene poder para perdonar todos tus pecados y
limpiar tu alma, con la sangre que por ti derramó en la cruz. Miles al igual
que yo, han sido por El transformados y hoy le sirven y están agradecidos, El
te dice: "Yo estoy a la puerta y llamo, si alguno escucha mi llamado y
abre la puerta, entraré y tendré comunión con El y El conmigo" (Apoc.
3:20). No lo dejes para otro día, mañana puede ser muy tarde para ti. Hoy El te
ofrece su paz y su perdón gratuitamente, pero si le rechazas, El mañana será tu
juez, porque escrito está: "Y vi a los muertos grandes y pequeños, de pié
ante Dios. Se abrieron entonces los libros, y se abrió también el Libro de la
Vida; y los muertos fueron juzgados de acuerdo a lo que estaba escrito en los
libros, según sus Obras. Y el que no estaba inscrito en el Libro de la Vida,
fue arrojado al lago del fuego" (Apoc.20:12,15). Al aceptar a Jesucristo
como Salvador personal o rechazarle, es pues, la decisión más grande que toda
persona en este mundo un día, tiene que enfrentar, porque de ello depende donde
pasará su eternidad. Ruego a Dios que hoy mismo puedas aceptarle.
Rev. Ramón R.
Bejarano
Fieles Discipulos de Jesucristo
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